Diciembre siempre será un momento especial en la sociedad en general, y hay unas ciudades que lo celebran de una manera muy peculiar. Una de ellas es Vigo, que atrae turistas de todas partes del país y el mundo entero.

Una tradición que tiene más de 45 años es la de venta de distinta pescadería en los muelles de la región. Anteriormente eran provenientes de Sudáfrica, que es famoso por la calidad de sus pescados. En ese momento eran especies determinadas que le agradaban a la población, como bacalaos y calamares. Ahora siguen llegando cargamentos de esta índole, pero no del exterior, sino de la misma Galicia y con luces, para darle la alegría que necesita la población.

Ahora todo ha cambiado. Es verdad que muchos de los negocios que estaban en la costa de Vigo siguen operando, aunque han sido bautizados con otros nombres por el cambio de dueños o por otros motivos que desconocemos.

Fueron más de 100 años de tradición que hicieron de Vigo algo distinto y único en toda España, sin importar que los empresarios hayan emigrado al cercano Portugal para buscar mejor suerte y oportunidades de negocio que ahora piensan que no existe en su región.

Las luces fueron lo que le dio una marca a esta ciudad y lo que atrajo a millones de turistas a hacer vida en esta parte de la nación. Así fue como se desarrolló como un centro financiero, empresarial y portuario de toda España. Son más de 40 años de casa abierta en Vigo y da nostalgia ver todo lo que ha cambiado, parece ser que las tradiciones dependen mucho de la voluntad política que haya por parte de los dirigentes.

Es buen momento para recuperar toda esta cultura que hizo famosa a la ciudad. No se puede permitir que años de historia sean borrados de la noche a la mañana, aunque tienen varios meses que no aplica nada relacionado a la pescadería.

Tal vez es debido a la misma situación económica, que ha hecho que los gastos se hagan para solo lo necesario, dejando muchas costumbres y celebraciones a un lado. Sin embargo a pesar de que hay que priorizar gastos no se puede dejar esto en el olvido.

Solo es cuestión de tener una buena organización para que todo vuelva a ser como antes. No solo depende del alcalde sino de la población en general. Si el Burgomaestre se percata que su gente aclama una nueva celebración por la llegada de la navidad seguramente accederá, ya que de lo contrario podría perder el cargo. Vigo sin duda alguna es una ciudad de luces y hay que recordarla siempre como tal. Es hora de la unión entre todos.