El caso de Julen, el niño encontrado a 71 metros de profundidad en un pozo en Totalán Málaga, ha tocado las fibras más íntimas de propios y extraños y en lugares muy distantes de donde sucedió el hecho tan trágico y conmovedor.

Esta familia ha sido duramente golpeada por la vida, ya que perdieron dos hijos muy pequeños en un corto periodo de tiempo y con muy corta edad.

No bien se recuperaban del primer  impacto emocional que produjo la pérdida de su primer hijo, cuando son nuevamente golpeados por la tragedia, sufriendo una segunda pérdida en circunstancias extremadamente  inesperadas y dolorosas  como suele ser la partida de un familiar y más cuando se trata de un hijo.

Los eventos han sido en extremo duros para la familia, amistades, allegados e incluso para esa valiosa masa humana que intervino y participó con una admirable entrega en las operaciones de rescate del cuerpo de Julen.

Pero también para aquellos que pusieron su granito de arena cubriendo la noticia día y noche para mantener informada de manera responsable  a la población conmovida que seguía el desarrollo de los acontecimientos.

El equipo de profesionales que intervino en el rescate de Julen merece una mención especial por su demostración de profesionalidad, espíritu profundamente humano, solidaridad y su evidente capacidad para hacer suyo el sentimiento de la familia del niño accidentado.

En las declaraciones del padre de Julen se denota su profundo dolor e impotencia ante la tragedia vivida, solo desea dar las gracias y pasar página con respecto a su última aparición y roce con la prensa, cuando se expresó exigiendo más recursos.

Ahora quiere hacerlo  para hacer llegar un mensaje de profundo de agradecimiento a las personas que participaron en el rescate de su pequeño hijo.

Trata de recomponer su vida con la ayuda de familiares y amigos, aunque tratan de animarlo a que piense en otra cosa, dice que al cerrar los ojos solo ve una cosa, el pozo por donde se fue la vida de su pequeño.

Dice sentirse en compañía de su esposa, “muy arropados” por las expresiones de acompañamiento y solidaridad que le han profesado sus amistades y allegados.

Por otra parte no desean ir a su hogar por ahora para no enfrentarse con los recuerdos. Se quedan en la vivienda de un amigo que los acoge, solo acuden a su casa para dormir lo más tarde que les sea posible.

Cuando sucedió la primera tragedia se refugiaron en otra vivienda, tratando al igual que ahora de escapar de los dolorosos recuerdos. El padre de Julen ha asegurado que tiene una bandera de Asturias, que supone la trajo algún vecino en honor a los mineros que participaron en las operaciones de rescate.