El 12 de junio de 1998 sucedió en la calle Chile de la ciudad de Vigo, uno de los casos de asesinatos más despiadados que resuenan en la sociedad gallega.

Se trata de Laura Elizabeth Jurkiewicz, de 22 años y su pequeño hijo Boris, de 11 meses de nacido, que se encontraban tapados con unas mantas dentro de los contenedores de basura.

El doble crimen fue perpetrado por su pareja, Manuel Enrique Suárez Barbosa. Les propino golpes con un machete mientras las víctimas estaban durmiendo, arrojándolos luego a la basura. Fue sentenciado a 32 años de cárcel por el doble asesinato, 17 años por el crimen de su novia y 15 por su hijo.

Quince días previos al asesinato, la madre de Laura González, había denunciado la desaparición de su hija y nieto y hasta ese entonces habitaban en una pensión asignada por el Consistorio. Sin embargo, Laura había tomado la decisión de marcharse con su novio Manuel, antes de que la Xunta se hiciera cargo del menor.

Laura y su hijo vivían con el salario social asignado por la Xunta de 30.000 pesetas mensuales. De igual forma había solicitado asistencia en el centro municipal de acogida a la mujer.

Para el momento del asesinato, las víctimas se encontraban en una vivienda de “okupas” en la calle Chile, también ocupada por otras cuatro personas. Su pareja no vivía allí.

Se cumple 20 años del asesinato cometido por el monstruo de Vigo a su pareja e hijo lanzados en el basurero

En la mañana del 12 de junio, el condenado fue visto por un testigo, poniendo en un contenedor de basura un bulto de gran tamaño cubierto con una manta, del que asomaba una extremidad. El vecino al preguntarle qué era lo que tiraba, este le contestó “La basura que tenía en casa”.

Después de que el asesino se alejara del lugar, el testigo confirmó que lo arrojado en el contenedor, era el cuerpo de Laura. Uno minutos previos, otro testigo observó a Manuel con un bulto más pequeño, lanzándolo en otro contenedor.

Entre las investigaciones fueron detenidos las personas que vivían con las víctimas en la vivienda, quienes declararon desconocer lo sucedido.

La aprehensión de Manuel tardó un día y sobre la misma se manejaron dos hipótesis. Una fue la colaboración de los vecinos que ayudaron a encontrar al asesino en el parque donde fue capturado. La otra, fue la declarada por Manuel en el juicio, donde manifestó haberse entregado a la Policía. El arma con el que cometió el crimen, se localizó en el jardín de la casa que ocupaban las víctimas.

Durante el juicio, los psiquiatras que trataron con el asesino, lo describieron como un hombre incapaz de sentir amor, tildándolo de inadaptado social.