Un provocador sexual descubre una presa potencial para satisfacer sus deseos, creyéndose con autoridad y superioridad para cometer su fechoría en contra de su víctima. Preguntándose qué y dónde lo hace para no ser descubierto y finalmente cómo se deshace de ella.

Lo narrado anteriormente forma parte de una secuencia de conductal que une dos casos muy escuchados en España, el maletero.

Los peritos de la Guardia Civil consideran que la fuerza se impuso en la muerte violenta cuyo móvil fue el sexual, de las jovenes Laura Luelmo y Diana Quer respectivamente. Según la Guardia Civil, los agresores calculan cómo actuar antes de cometer sus crímenes y quizás instintivamente copian algunas pistas que se revelan a través de los medios de comunicación cuando los investigadores policiales son entrevistados por hechos delictivos.

Funcionarios de la Benemérita tienen la certeza de que delincuentes como José Enrique Abuín apodado “El Chicle”, confesó ser el autor del asesinato de Diana Quer, introduciéndola en el maletero de su coche. El reincidente Bernardo Montoya que hizo lo propio con Laura Luelmo luego de estudiar durante varios días sus movimientos, cometieron un delito impulsados por el hecho de hacer daño y por el ímpetu.

Los investigadores policiales por experiencia observan inclusive una analogía entre uno y otro crimen, piensan que las personas no hablan claramente ante la prensa sobre hechos tan abominables como este.

A pesar de que un grupo de mujeres reunidas en asociaciones expresan que el porcentaje de abusos o violaciones que se denuncian es mínimo, actualmente esto ha cambiado, pues se están haciendo las acusaciones y la impunidad ya no es tan común como antes.

El modus operandi del asesino es violar y asesinar para no dejar rastro

De hecho, los números oficiales de violación con homicidio al parecer no han aumentado. En el más reciente informe del Ministerio del Interior, tres de más de 600 muertes esclarecidas indican la misma organización. Aunque hay que reconocer que no todas se resuelven por lo difícil de comprobar el abuso sexual, cuando no hay ni ADN, tampoco denuncia ni mucho menos declaración de la víctima.

En España la cifra de violaciones declaradas y reconocidas por los cuerpos de seguridad durante sus acciones, se mantuvo estable en 1.200 casos anuales.

Un delegado de la Guardia Civil dijo que no son precisas numéricamente hablando los números que manejan, pues las mismas se resuelven con el asesinato, donde sus indagaciones deben ser más minuciosas, ya que queda trabajo por hacer.

Así lo solicita un Convenio de Estambul del Consejo de Europa, donde se establece que la violencia contra la mujer quebranta los derechos humanos y es discriminatoria. Por eso las naciones que hayan firmado deben normalizarla en sus sistemas jurídicos.