Cuando terminaba el pasa año 2016 eran muchos los aficionados al tenis los que no podían creer que Rafael Nadal estuviera en el momento de forma tan malo que estaba. Pero, tras pasar le mes de diciembre y comenzar el mes de enero, se pudo comprobar que no solo había dejado atrás las lesiones que le habían impedido competir con normalidad sino que había recuperado su confianza. No en vano alcanzó la final del Open de Australia en la que cayó ante un gran Roger Federer. Un Federer que, por cierto, parece ser que se ha convertido en su nueva bestia negra.

No puede ante el suizo

Decimos que no puede ante el tenista suizo porque, de nuevo, en la final del torneo estadounidense de Indian Wells ha sido su verdugo. Hay que decir que el español alcanzó la final con un gran tenis y ganando a varios top 10 pero la final era algo bien distinto. En frente se encontraba un jugador que parece estar viviendo una segunda juventud y que parece no solo haber recuperado su mejor tenis sino también una gran forma física.

Nadal comenzó el partido mandando y haciendo lo posible para que los puntos no fueran muy largos y así no sufrir mucho desgaste. Sin embargo, tenemos que decir que el tenis de Federer era demoledor. No se inquietaba ante las acometidas del manacorí. Incluso se permitía el lujo de subir a la red y terminar de la manera más rápida posible algunos puntos que dejaban en clara desventaja a Nadal.

De todos modos, el lastre del español fue el saque. No solo no era capaz de hacer primeros saques buenos sino que tampoco era capaz de plantearle problema alguno con los segundos servicios. Este fue algo que aprovechó el de Basilea para encadenar golpe ganador tras golpe ganador hasta que se hizo con el torneo.