La noche anterior al cierre el museo fue plenilunio tiene una estructura polifónica en la que se delinea casi desapercibidamente un país posrevolucionario custodiado por el emblemático museo del edificio de cristal. Una historia distinta, con cierto humor, llena de pasión y que muestra una faceta del México profundo.

“Por aquel entonces aparecieron en Tlalpujahua los avances de una civilización que empezaba a ser incontenible. Las novedades eran acarreadas por el cura o los comerciantes que llegaban de la Ciudad de México. Entre innumerables cortes de cintas, durante aquellos años, los tlalpujalqueños conocieron París y el Coliseo romano, se asombraron de la velocidad que alcanzaban los coches manejados por Tarufi en la carrera panamericana y a lo largo y ancho del mundo. Rieron a carcajadas, hasta que les dolió el estómago, con las primeras películas mudas del Gordo y el Flaco y las mujeres de todas las edades suspiraron con las miradas tortuosas de Rodolfo Valentino. Unos años después, Marcela y Rómulo lloraron, cabezas juntas y a mares, con las películas de Dolores del Río. En un avance vertiginosos de la cinematografía, todavía en los años felices del matrimonio, sufrieron lo indecible con Mariana Candelaria, asombrados por escuchar la voz de la diva y su Lorenzo Rafail. Un poco antes se aprendieron la canción «Allá en el rancho grande», espléndidamente cantada por un Pepe Guízar vestido de charro salamanquino en la película del mismo nombre.” (Fragmento de La noche anterior al cierre el museo fue plenilunio, La Equilibrista, 2020)

El relato comienza con Cecilia y Helena, dos niñas que van con el colegio a visitar el museo de El Chopo en México. Están fascinadas porque es un museo de ciencia natural con animales disecados, esqueletos de dinosaurios  y también hay momias.  Su madre les cuenta que su tía Marcela está en ese museo momificada y se entusiasman con poder verla. A partir de ese momento, entreverada en varios planos narrativos, conoceremos la historia que llevó a Marcela a convertirse en una muerta incorrupta: su historia de amor con Rómulo, su fallecimiento y su periplo una vez convertida en cadáver.

Basada en una historia familiar, la narración se desarrolla entre el pueblo michoacano de Tlapujahua, y la Ciudad de México, bajo el cobijo de uno de los museos icónicos y entrañables, principalmente para los capitalinos: El Chopo.

La vida de los personajes confluye en una sola, la de Marcela, descubierta incorrupta por su esposo y trasladada por su hijastro a  Azcapotzalco, pueblo aledaño a la Ciudad de México, y posteriormente al museo de El Chopo. Rómulo, Marcela la viva, Esteban, Marcela la momia, Helena y Cecilia, son los personajes centrales del relato. Un cruce de pasiones, amores y extravíos  de aquellos que no pasan completamente el dintel de la muerte, quedan a medias, incorruptos o momificados, y de los que viven a su alrededor y no pueden sustraerse de las pasiones oscuras, tiernas, descarriadas y brutales que inspiran.

Carmen Turrent (México, 1946) radica en la ciudad de Cuernavaca desde hace más de cuarenta años y es profesora de primaria, maestra en ciencias del lenguaje y doctora en literatura mexicana. Ha trabajado en la formación de maestros de lengua y literatura y en educación indígena de su país en la Universidad Pedagógica Nacional; además ha publicado diversos artículos sobre arte, educación y literatura en revistas universitarias, y cuentos como coautora.

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