La hipovisión o baja visión es una condición visual que padece aquella persona con una visión bastante reducida, que no se corrige ni con la utilización de gafas, lentes de contacto, tratamientos farmacológicos o incluso cirugía. Por esto, la persona tiene una gran dificultad o incapacidad para realizar ciertas tareas de la vida cotidiana.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el año 2015 alrededor del 13 % de la población a nivel mundial eran discapacitadas visuales, contando en este estudio con los casos de baja visión y ceguera, que alcanzan un total de 0,7%.

Otros datos que tenemos acerca de esta patología en el mundo entero es que, por cada persona ciega se estima que hay 3,4 personas que padecen baja visión.

Se considera que un paciente padece de baja visión cuando su agudeza visual está comprendida entre 0.05 y 0.3 en el mejor ojo y/o tenga un campo visual inferior a 20º en el mejor ojo. Estos pacientes mantienen una visión útil, denominada resto visual que puede mejorar mediante la adaptación de ayudas ópticas y no ópticas y una posterior rehabilitación visual, con el fin de que puedan volver a desarrollar al menos algunas de las tareas abandonadas.

Causas y síntomas de la baja visión

Son múltiples las causas que pueden desencadenar en un caso de baja visión. En su gran mayoría se dan como consecuencia de padecer enfermedades oculares como la degeneración macular, la retinopatía diabética o el glaucoma, pero también puede desarrollarse por haber sufrido algún tipo de lesión neurológica, malformaciones congénitas, enfermedades infecciosas, etc.

Como las causas que la producen pueden ser variadas no existe una manera estándar de ver con baja visión, sino que son muchos los síntomas que la producen: visión borrosa, deslumbramiento, ceguera nocturna, pérdida de contraste, alteración en la visión de los colores, entre otras.

Factores de riesgo

Edad: representa el principal desencadenante, siendo más agudo en personas mayores de 50 años. Inevitablemente, con la edad se producen cambios en nuestra visión que nos hacen perder parte de nuestra capacidad visual total y se desarrollan patologías como las cataratas, el glaucoma, la degeneración macular o la sequedad de los ojos.

– Género: la presencia de esta patología es mayor en mujeres que en hombres, lo cual puede estar explicado, según la OMS, por su mayor esperanza de vida.

– La condición socioeconómica: cerca del 87% de la población que presenta algún tipo de discapacidad visual viven en países en vías de desarrollo donde el difícil acceso a los servicios médicos, la malnutrición y la falta de agua potable están a la orden del día y son condiciones que predisponen a la aparición de enfermedades oculares.

– Diabetes: esta enfermedad puede causar daño en los pequeños vasos sanguíneos de la retina, lo que se conoce como retinopatía diabética. También aumenta el riesgo de padecer glaucoma, cataratas y otros problemas oculares. Los casos de diabetes en la Unión Europea rondan cerca de 28 millones de personas.

– Otros factores: entre estos se incluyen diferencias de las políticas sanitarias entre países, el consumo de alcohol o el tabaquismo, la exposición a los rayos ultravioletas o la deficiencia de vitamina A.

Ayudas visuales para la baja visión

En la mayoría de estos casos las gafas convencionales son insuficientes para que el paciente con baja visión pueda realizar sus tareas cotidianas y precisa de la utilización de ayudas visuales.

Dentro de estas nos encontraremos:

  • Ayudas ópticas para ver de lejos, como los sistemas telescópicos que ofrecen una mejoría de la visión de lejos. Se pueden encontrar diferentes modelos, montados en gafas o sueltos para un uso puntual.
  • Ayudas ópticas para leer y escribir: lupas o sistemas microscópicos. Ambos precisan de ser calculados según la necesidad del paciente y que a estos se les enseñe a utilizarlos, es decir, no vale una lupa cualquiera que no esté calculada para su uso porque acabará sin ser utilizada y sin sacarle el máximo partido. Por su parte, los microscopios son sistemas que ofrecen grandes posibilidades de aumento, pudiendo ir montados en las gafas para así dejar las manos libres para realizar tareas.
  • Ayudas visuales electrónicas: las nuevas tecnologías ofrecen grandes avances en el día a día para los pacientes con esta patología. Estos sistemas son aquellos en los que se pueden ampliar la imagen, variar el contraste o el tipo de letra. Son los sistemas que ofrecen un mayor nivel de magnificación, como las lupas electrónicas y las lupas televisión.
  • Ayudas no visuales, pueden ser sistemas especiales de iluminación o que favorezcan la escritura.
  • Filtros: permiten controlar el deslumbramiento, realzar el contraste y adaptarse a la luz. Son muy utilizados en baja visión por ser bastante efectivos y poder utilizarse en lentes de contacto.