El Radón es el principal sospechoso para el número temible de casos de cáncer detectados en la pequeña aldea gallega de Cruceiro de Roo, ubicada a 40 kilómetros de Santiago de Compostela.

Desde varios meses, se han estado midiendo en cientos de viviendas los niveles de radón en Roo, que a diferencia de los demás descendientes del uranio, es un gas que se libera de los suelos y rocas, materiales de construcción y agua.La concentración se ha descubierto elevada, aparentemente emanada del subsuelo rocoso, un problema que también ha sido denunciada por sindicalistas de la zona vieja de la capital de Galicia, Santiago de Compostela.

Algo extraño está ocurriendo y la gente está muy preocupada, dijo la maestra José María. González, la primera persona en alertar al médico de cabecera del problema, cuando su padre se vio afectado por el cáncer.

Fue entonces cuando el médico José María Dios, llevó a cabo los estudios desde 2015. Delineó un diámetro de 800 metros desde el centro del cruceiro de piedra que existe en la pequeña aldea y de las 29 casas habitadas en aquel perímetro, descubrió que 23 de los residentes tenían casos de cáncer.En conclusión, la incidencia del cáncer era del 28,39%, cuando la media española oscila entre el 3% y el 4%.

casos de cáncer en Cruceiro de Roo

Según Juan Miguel Barros, director del Laboratorio de Radón de Galicia y profesor de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Santiago, la única evidencia científica hasta la fecha es que el radón sólo multiplica la probabilidad de padecer cáncer de pulmón.

Sin embargo y dada la concentración de casos de tumores en esta pequeña aldea, el médico José María Dios, se inclina hacia la posibilidad de que el gas cancerígeno pueda estar asociado a varios tipos de cáncer, como el del cerebro, colón y estomago, entre otros. El médico defiende incluso que la alta prevalencia del gas en Roo, puede abrir nuevas líneas de investigación, sobre los efectos del radón.

Después de tres décadas de alerta por parte de científicos, una directiva de la Comisión Europea obligó a los estados miembros a tomar medidas contra el gas cancerígeno en territorios de riesgo.

Desde 2013, los Estados miembros de la Unión Europea se han visto obligados a hacer mediciones de radón en hogares, edificios públicos y lugares de trabajo, a fin de combatir la contaminación de dicho gas en los lugares en los que la media anual de concentración supera los 300 becquereles por metro cúbico, la unidad del Sistema Internacional de radioactividad, que equivale a la actividad resultante de la desintegración de un nucleído radiactivo por segundo.